Cuando
era pequeño, junto a mis padres y mi hermana mayor, antes de que nacieran mi
hermana pequeña y mi hermano pequeño, solíamos ir a diferentes lugares
conocidos en Mallorca. Uno de ellos era La Granja, una posesión en Esporlas,
Mallorca (Islas Baleares), donde antes uno podía entrar de forma gratuita y
visitar una parte de la posesión. Era curiosa, pues había una zona en la que
uno podía ver instrumentos de tortura del pasado, como una silla con pinchos.
También uno podía degustar tipos de vino, incluyendo el moscatel, y limonada y
naranjada casera. Si uno quería, también podía comprar buñuelos recién hechos,
pan de higo u otros platos tradicionales mallorquines. También tenía una zona
de esparcimiento, con mesas y bancos, donde uno podía ir a comer y pasar el día
en familia o amigos, rodeado también de naturaleza y animales, tales como pavos
reales, ovejas, etc. Con el tiempo, este lugar se hizo más popular y la entrada
ya tuvo un coste algo elevado.
Otro
de los lugares conocidos en Mallorca ha sido La Reserva del Puig de Galatzó. Junto a mi familia, en los años 80
y principios de los años 90, fuimos en varias ocasiones. Antes la entrada era
bastante económica. Es una ruta en la montaña, donde uno puede ver diferentes
animales, algunos autóctonos y otros no. También hay varias construcciones
curiosas, como algunas fuentes o pequeñas estructuras decorativas. Años
después, el precio de la entrada fue subiendo y ya dejamos de ir de forma
habitual. Una de las últimas veces que fui, aunque no la última, fue con mi
antiguo grupo de rol. En julio de 2005,
al poco de haber hecho una acampada en Lluc con el mismo grupo, decidimos ir a
La Reserva del Puig de Galatzó. Podíamos haber optado también por pagar un poco
más y añadir una ruta adicional, pero algo peligrosa, con cuerda. Al final optamos
por la ruta normal. Al poco de llegar, ya vimos pavos reales, a los cuales nos
podíamos acercar bastante, pero, obviamente, no se dejaban tocar. Más adelante,
una zona de osos. También vimos patos, ocas, avestruces, ovejas, cabras,… y, en
jaulas, mapaches, los cuales eran bastante sociables. Además, antes de acabar
la visita, estaba la zona de cetrería, donde había una función en la que liberaban
algunas aves adiestradas. Uno de los recuerdos de esta excursión fue que cuando
estábamos a punto de irnos, vimos defecar a un avestruz, algo realmente
asqueroso, aunque curioso.
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