Siempre
he vivido en Mallorca, la mayor isla de las Islas Baleares. Ahora bien, existen
abundantes pequeñas islas alrededor de las islas mayores. En Mallorca, las más
conocidas son la Dragonera y Cabrera, siendo esta última un compendio de
pequeñas islas, aunque una mucho más grande que las demás. Nunca había visitado
Cabrera. Mi hermana mayor, en años anteriores, tuvo la suerte de poder incluso
dormir en la misma, algo que no está permitido y no es nada fácil. Ella lo
consiguió porque fue con un grupo de voluntarios para limpiar la isla.
Entonces, a cambio de ayudar en la limpieza de la zona, uno puede disfrutar
unas horas de la isla e incluso dormir en la misma. Aunque no es nada fácil
quedarse a dormir, aunque sea tan sólo una noche, se puede visitar pagando el
pasaje de ida y vuelta con una barca. También se puede visitar con una
embarcación propia, siempre y cuando se pidan los permisos correspondientes y
se pague el amarre en las boyas que hay para ello. En verano de 2025, junto a
mi pareja y su hijo menor, fui por primera vez a Cabrera. Partimos por la mañana, yendo al lugar desde donde se
embarca, a saber, Colònia de Sant Jordi. Durante la travesía, vimos un faro, el
Far de na Foradada. Fuimos pasando por las islas, rumbo a la Isla de Cabrera.
Pudimos ver peces voladores, algo que no se suele ver muy a menudo en la isla
de Mallorca. Llegamos al puerto de la Isla de Cabrera. La primera visita fue al
Punto de Información para coger algunos folletos y un mapa de la isla. Luego, subimos
al Castillo de Cabrera, desde donde se pueden ver unas vistas muy interesantes
de la isla. Camino a Sa Plageta, nos paramos en una pequeña cala, donde pudimos
remojarnos un rato. El tiempo de la visita no era muy abundante, así que
tuvimos que decidir qué más podríamos hacer. Nos enteramos de que había el
Museo de Cabrera, por lo que fuimos a visitarlo. Fue un museo bastante
interesante, donde nos informaron de abundantes puntos interesantes. En el
folleto de Un paseo por la historia de Cabrera, se puede leer lo siguiente
respecto al Museo etnográfico:
“Cuando en 1891 la familia Feliu se hizo con
la propiedad de Cabrera, inició un ambicioso proyecto de cultivo de viña y
producción de vino. Se construyó la casa junto a la fuente y la bodega, que nunca
se llegó a terminar. Cuando se arrancaron los viñedos, el edificio fue
reutilizado como establos para los rebaños de ovejas y como pajar. Después de
un periodo de abandono, se inició su restauración para albergar el museo
histórico y etnográfico. La exposición permanente «El hombre y la naturaleza en Cabrera»
está dividida en tres secciones, correspondientes a las tres plantas del
edificio.
Entrando por la planta superior,
viajaremos por la historia del archipiélago a través de los restos encontrados,
tanto en tierra como en el mar, desde la prehistoria y la época antigua hasta
el siglo XX. Podremos observar ánforas de época púnica y romana, cerámica de
diferentes periodos, una maqueta del castillo, una representación de materiales
recopilados de la época de los prisioneros franceses, etc. No podemos abandonar
esta planta sin contemplar la panorámica sobre el puerto a través del ventanal.
En el piso intermedio podremos conocer
las actividades que tradicionalmente se han llevado a cabo en la isla mediante
textos, ilustraciones y fotografías antiguas y diferentes útiles de pesca.
En la planta baja, dedicada a los
recursos naturales de Cabrera, encontraremos unos breves apuntes sobre el
aprovechamiento que se ha hecho de la fauna, la vegetación y el medio marino,
además de una reproducción de la necrópolis bizantina del Pla de ses Figueres.”
De
camino al puerto, nos paramos en un merendero a comer, mientras podíamos
vislumbrar bastante de cerca a las salamandras endémicas. A la vuelta, tal y
como nos habían prometido en el viaje, hicieron una parada en Sa Cova Blava,
una cueva acuática muy conocida. Fue de gran utilidad la linterna acuática que
compré unos días previos al viaje. Quizás algún día volvamos para visitar más
zonas de Cabrera, pues realmente visitamos muy pocas zonas.
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